Antes del inicio del juicio principal de Núremberg contra los líderes nazis, los aliados contrataron a un psiquiatra estadounidense experto en estrés postramáutico y criminólogo, que observo y evaluó los perfiles de nazis como Hermann Göring o Rudolf Hess llegando a la conclusión, que estaban en plenas facultades para acometer los juicios, que eran conscientes de sus actos y que además, muchos de ellos, tenían un coeficiente intelectual por encima de la media.