Dime que tú no lo has hecho: mirar a alguien que no reacciona a tu velocidad y pensar, casi sin querer, que "no llega". O peor aún, ignorar su dificultad porque, como no tiene un rasgo físico que lo identifique, decides que simplemente no se está esforzando lo suficiente.
¿Te imaginas vivir en un examen constante donde el tiempo juega siempre en tu contra? Eso es la Inteligencia Límite. Y el problema no es su cociente intelectual, sino nuestra obsesión por una eficiencia que no deja espacio para nadie más. Les llamamos "lentos" cuando en realidad somos nosotros los que vamos demasiado rápido. Les cerramos puertas en el colegio y en el trabajo, y luego nos sorprendemos de que carguen con una mochila de soledad.
Esta semana en Mejor Conectados nos hemos sentado con la Asociación Adisli. Y lo que hemos aprendido nos ha hecho replantearnos cosas como que la mayor barrera no es su capacidad, es la falta de oportunidades reales que les ofrecemos. Y así es cómo Adisli ha tenido que convertirse en su "segunda casa", simplemente porque la primera (la calle, la oficina, el barrio) les ha fallado.
Quizás va siendo hora de dejar de pedirles que se adapten a nosotros y empezar a preguntarnos por qué nos cuesta tanto adaptar el mundo a ellos. ¿Te atreves a mirar su historia sin filtros?