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Hoy es 19 de marzo, festividad de San José.
Hoy es uno de esos días en los que la iglesia me invita a celebrar de manera especial.
Me preparo para poder encontrarme con el Señor en la oración.
deseo tener el corazón bien abierto, estar con todos mis sentidos o la escucha.
Y poco a poco doy paso al silencio.
Pienso al comenzar la oración en San José,
y como él pongo mi vida al manos de Dios y al servicio de su proyecto.
Y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento.
Y mi voluntad,
todo me averí por ser vos me lo diste a vos, Señor.
Lo torno, todo es tuyo dispone a tu voluntad.
Dame tu amor, Dame tu gracia,
que esta me basta.
Toma, Señor, y recibe
toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento.
Y mi voluntad, todo me averí por ser vos me lo diste a vos, Señor.
Lo torno, todo es tuyo dispone a tu voluntad.
Dame tu amor, Dame tu gracia, que esta me basta.
Todo me averí por ser vos me lo diste a vos, Señor.
Lo torno, todo es tuyo dispone a tu voluntad.
Dame tu amor, Dame tu gracia, que esta me basta.
La lectura de hoy es del Evangelio de Mateo.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera.
María, su madre, estaba disposada con José.
Y antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.
Pero apenas había tomado esta resolución, se la pareció en sueños un ángel del Señor que le dijo.
José, hijo de David, no tenga reparo en llevarte a María tu mujer,
porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.
Dará a luz un hijo y tu le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.
En un mundo tan lleno de focos que apuntan a las personas que más llaman atención,
el Evangelio hace que me fige en aquellas que pasan más desapercibidas.
El Sí de San José al plan de Dios me ayuda hoy a descentrarme.
El Dapazo al misterio hace que sean María y el niño los importantes.
Le pido al Señor no ser yo el centro y dejar que otros puedan brillar con la luz que viene de Dios.
La afirmación de que era un hombre justo resuena especialmente, pero me habla de una justicia distinta a la ley.
José no es bueno por no haber repudiado públicamente a María, es más profundo.
Es una bondad que tiene que ver con ser justo ante Dios, confiarse totalmente.
Cuando fallan los razonamientos y los cálculos, es la fela que le mueve a dar un paso más, a confiar.
Soy capaz de encontrar esos momentos en mi vida.
En muchos momentos al contemplar a Jesús me puedo preguntar cómo aprendió a ser de esa manera,
cómo aprendió a acercarse así a los que más le necesitaban.
Y contemplar hoy a San José me da una clave, puede intuir que en la humildad, en el trabajo, en el valor de lo cotidiano,
en la confianza en Dios que tiene Jesús, hay mucho aprendido de aquellos que más le han querido.
Igual que en lo culto de Nazaret, en lo culto de mi vida brillan las personas que tanto bien me han hecho.
Hoy las traigo a la memoria y doy gracias por ellas.
A volver a escuchar el Evangelio me acercó un poco más a San José, a su manera de hacer que estando a su lado,
sean otros los primeros.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera, María, su madre, estaba desposada con José, y antes de vivir juntos,
resultó que ella esperaba un poco más a San José, a su manera de hacer que estando a su lado, sean otros los primeros.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera, María, su madre, estaba desposada con José,
y antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.
Pero apenas había tomado esta resolución, se la pareció en sueños un ángel del Señor que le dijo.
José, hijo de David, no tenga el reparo en llevarte a María tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.
Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.
No te sonrían con blancura dentífica desde las páginas de una revista.
No acabaran flases en los eventos de moda.
No reciben premios en las galas con más glamour ni las multitudes corean sus nombres en el concierto de los poderosos.
Pero no lo necesitan para brillar con luz propia en el baile de la historia.
Son el hombre justo y la viuda pobre, el profeta valiente y la mujer perdonada.
Son el peregrino que comparte su mesa y su palabra, y el caminante que en su fatiga romé a y canta.
Son el carpintero y la muchacha, el alfarero y la criada, el emigrante que no pierde la esperanza.
Son la buena gente que en lo discreto transforma el duelo en danza.
Voy terminando este rato de la acción compartida contigo, Señor.
Veo que a veces un paso atrás puede dar mucha vida a otros.
De la mano del San José, hoy me hablas de lo que en mi vida hay de oculto, de último.
Deja que me despida de ti por hoy, dándote las gracias de nuevo por eso que no soy capaz de ver
pero que inevitablemente me sostiene y me ha sostenido cada día.
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino.
Agasé tu voluntad en la tierra como en el cielo. Darnos hoy nuestro pan de cada día.
Perdón a nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación y libranos del mal. Amén.

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