Esta obra de C. S. Lewis examina la importancia de la ley natural o Tao, entendida como un conjunto universal de valores morales que fundamentan la civilización humana. El autor advierte que el intento moderno de conquistar la naturaleza mediante la ciencia pura y el descarte de las emociones educadas termina por deshumanizarnos. En lugar de otorgar poder a la humanidad, este proceso permite que una pequeña minoría manipule a las futuras generaciones al tratarlas como meros objetos biológicos sin alma. Lewis defiende que el conocimiento solo florece cuando está conectado a raíces éticas profundas, rechazando la idea de que la moral sea subjetiva o arbitraria. Finalmente, el texto incluye un apéndice extenso que demuestra cómo diversas tradiciones globales coinciden en principios básicos de justicia, honestidad y benevolencia.