La negociación a puerta cerrada que han mantenido Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para renovar la cúpula de RTVE evidencia, una vez más, que la ansiada despolitización de los medios públicos constituye una absurda e ingenua quimera. Las TV públicas no sirven al pueblo, sino a los partidos, sirviéndose de nuestro dinero. Por ello, lo mejor que se puede hacer es cerrarlas o privatizarlas.