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Hoy es 6 de abril, lunes de la octava de Pascua.
Situate ante el padre, con paz, serenamente, con confianza, y sabiendo que como con Jesús,
y también hoy de ramas su Espíritu Santo sobre ti, pídele saber acoger la buena noticia
de la resurrección, la presencia del Dios vivo, a menudo sorprendente, que te sale al
encuentro cuando menos lo esperas.
Pide que Dios se convierta en tu todo, que con él a tu lado, todo lo demás encuentre
su sitio.
Paltar solo Dios basta, solo Dios basta.
Que le va al pensamiento, al cielo sube, por nada te acudoje, nada te tuve, a Jesucristo
sigue, un pecho grande, y venga lo que venga, nada te espanque.
Pate tuve, nada te espanque, todo se pasa, Dios no se muda.
La paquencia, todo lo alcanza, que nadie os quede, nada le falta.
Solo Dios basta, solo Dios basta, solo Dios basta.
La lectura de hoy es de los hechos de los apóstoles.
En el día de Pentecostés, Pedro poniéndose en pie junto con los 11, levantó su voz, y con toda solenidad
de claro.
Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enterados bien y escuchad atentamente mis palabras.
A Jesús en Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con milagros, prodigios y signos,
que Dios realizó por medio de él, como vosotros sabéis.
A este, entregado conforme el plan que Dios tenía establecido y provisto, lo mataste, clavándolo a una cruz
por manos de hombres sinicos.
Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta
lo retuviera bajo su dominio, pues David dice referiéndose a él.
Veía siempre al Señor delante de mí, pues estaba mi derecha para que no vacili.
Por eso se me alegró el corazón, exultó mi lengua y hasta mi carne descansará esperanzada.
Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu santo esperimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida, me sacierás de gozo con tu rostro.
Hermanos, permitidme hablaros con Franqueza.
El patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy.
Pero como era profeta y sabía que Dios le había jurado con juramento, sentar en su trono a un descendiente suyo,
previéndolo, habló de la resorrección del Mesías cuando dijo que no lo abandonará en el lugar de los muertos,
y que su carne no esperimentará corrupción.
A este Jesús los resucito Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo he derramado.
Esto es lo que estáis viendo y oyendo.
En esta escena y en el día de Pentecostés, Pedro habla no sólo a los judíos y vecinos de Jerusalén, sino también a cada uno de nosotros.
Trata de situarte allí, junto a ellos, ante Pedro y los demás discípulos.
Míralos intenta percibir la fuerza del Espíritu que hay en ellos, los efectos de la resorrección, la certeza de la victoria de la vida.
Se respira alegría interna, esperanza, y una profunda confianza.
Su méjete en estos sentimientos y sensaciones.
Acóje su testimonio, a ti te lo dicen.
Pedro segura con convicción, que Dios resucituada a Jesús, no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio.
Trata de afianzar esta certeza en tu corazón y deja que Dios te muestre si tal vez hay cosas en tu vida que te retienen, cosas que te atan y no te dejan ser más vida para los demás.
Por las ante el Señor.
Por las ante el Señor.
Pedro sigue hablando y nos recuerda que Dios resucitó a este Jesús, de lo cual todos nosotros somos testigos.
Puedes mirar tu vida y ver cómo es tu testimonio de resorrección.
¿Qué te pide el Señor resucitado hoy? ¿Qué testimonio quiere que des?
¿Qué es el Señor resucitado hoy?
¡Vuelve a contemplar la escena, sumergíéndote en los sentimientos de Pedro y los discípulos.
Y deja que los efectos de la resorrección,
Vuelve a contemplar la escena, sumergíéndote en los sentimientos de Pedro y los discípulos.
Y deja que los efectos de la resorrección, vayan calando más ondamente en ti.
En el día de Pentecostés, Pedro, poniéndose en pie junto con Dios,
y en el día de Pentecostés,
y deja que los efectos de la resorrección, vayan calando más ondamente en ti.
En el día de Pentecostés, Pedro, poniéndose en pie junto con los 11, levantó su voz,
y con toda su identidad de claro.
Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enterados bien y escuchad atentamente mis palabras.
Israelitas, escuchac estas palabras.
A Jesús en Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con milagros, prodigios y signos,
que Dios realizó por medio de Él, como vosotros sabéis.
A este, entregado conforme el plan que Dios tenía establecido y provisto, lo matasteis,
clavándolo a una cruz por manos de hombres sinicos.
Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte,
por cuanto no era posible que ésta lo retuviera bajo su dominio.
Pues David dice referiéndose a él, veía siempre al Señor delante de mí, pues estaba mi derecha para que no vacile.
Por eso se me alegró el corazón, exultó mi lengua y hasta mi carne descansará esperanzada.
Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu santo esperimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida, me saciarás de gozo con tu rostro.
Hermanos, permitirme hablaros con franqueza.
El patriar cada vez murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy.
Pero como era profeta y sabía que Dios le había jurado con juramento, sentar en su trono a un descendiente suyo,
previéndolo habló de la resolución del mesías cuando dijo que no lo abandonará en el lugar de los muertos,
y que su carne no esperimentará corrupción.
A este Jesús los resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo he derramado.
Esto es lo que estáis viendo y oyendo.
Puedes terminar como has empezado situándote ante el Señor, con paz, serenamente, con confianza y sabiendo que también hoy se derrama sobre ti el Espíritu Santo,
que te lleva a dar testimonio de la resurrección y de la vida.
Hablalo con tu Señor, ofrece lo, cuéntale lo que sientes.
Gloria al Padre, al hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos, amen.

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