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Hoy es 3 de abril, viernes santo.
En este viernes santo, quiero acompañar a Jesús.
Puede que no entienda nada,
que me cuesta aceptar lo que celebramos,
pero quiero acompañar a Jesús,
como quien acompaña a un amigo en horas difíciles.
Hago silencio en mi interior,
y como hizo Moisés ante la zarza ardiente,
quiero descalzarme,
porque esta tierra es santa.
La lectura de hoy es del libro de Isaías.
Mirat, mi siervo tendrá éxito.
Subirá y crecerá mucho.
Como muchos espantaron de él,
porque desfigurado no parecía hombre,
ni tenía aspecto humano,
así asombrará a muchos pueblos.
ante él los reyes cerrarán la boca,
al ver algo inenarable y contemplar algo inaudito.
¿Quién creyó nuestro anuncio?
¿A quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote,
como raíz en tierra árida,
sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado de los hombres.
Como un hombre de dolores,
acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultan los rostros,
despreciado y desestimado.
El soportó nuestros sufrimientos y aguanto nuestros dolores.
Nosotros lo estimamos leproso,
herido de Dios y humillado por él,
fue traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre él,
sus cicatrices nos curaron.
Todos cerrábamos como ovejas,
cada uno siguiendo su camino,
y el Señor cargó sobre él todo nuestros crímenes.
Mal tratado,
voluntariamente se humillaba y no abría la boca,
como cordero llevado al matadero,
como oveja ante el esquilador,
en mudecia y no abría la boca.
Sin defensa, sin justicia,
se lo llevaron.
¿Quién meditó en su destino?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
por los pecados de mi pueblo lo irieron,
le dieron sepultura con los malvados
y una tumba con los malechores,
aunque no había cometido crímenes
ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento
y entregar su vida como expiación,
verá su descendencia,
prolongará sus años,
lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
el justo se saciará de conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos,
porque cargó con los crímenes de ellos.
Le daré una multitud como parte
y tendrá como despojo una muchedumbre,
porque expuso su vida a la muerte
y fue contado entre los pecadores.
El tomó el pecado de muchos
e intercedió por los pecadores.
La lectura de la oración de hoy
pertenece a los cánticos del siervo
del profeta y saías.
Los cánticos ayudaron a los primeros cristianos
a entender la pasión de Jesús.
Les ayudaron a entender el escándalo
de la muerte del inocente,
de aquel que pasó por el mundo haciendo el bien
y anunciando el reino de Dios.
No es fácil comprender este castigo del justo,
tampoco para mí hoy.
No hay en él parecer.
No hay en Mosura que atregar a las miradas.
No hay en él belleza que agrante.
No hay en él parecer.
No hay ermosura que atregar a las miradas.
que agradi. El Dios que se revela en Jesús en esta culminación de su vida en la pasión
es todo lo contrario a la imagen que uno podría tener del todo poderoso. Es todo debilidad,
todo entrega, es todo inocencia vulnerada, que nos quieres revelar con esto, señor.
Todos cerrábamos como bejas, cada uno siguiendo su camino. También yo debo examinar
si hierro, o he errado en mi camino tras Jesús. Si elijo otros senderos más cómodos,
si cuando llega la hora de la verdad, no estoy a los pies de la cruz por comodidad,
con veniencia o miedo.
Espuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, el tomó el pecado de muchos
e intercedió por los pecadores. Caigo en la cuenta de que en estas palabras hay una
verdad que me toca directamente. También intercedió por mi.
Volvas a escuchar algunos de los fragmentos del cántico del siervo y dejo que sus palabras
me lleguen. Imagino a Jesús en el momento de su entrega.
Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de
dolores, ha acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado
y desestimado. Sus cicatrices nos curaron.
Todos cerrábamos como bejas, cada uno siguiendo su camino, y el señor cargó sobre él todos
nuestros crímenes. Expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, el tomó
el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.
Pero al ver de mis ojos, van y viene. De tu cuerpo, a mi cuerpo, ver muenza, como que
dejarme de mis pies cansados. Cuando veo los tuyos destrozados, como mostrarte
mis manos vacías. Cuando las tuyas están llenas y en aceridas, como explicarte a ti mis
uredas, cuando en la cruz, alzado es oroestas, como explicarte que no te cuamos, cuando
te cuesta, cuando te cuesta, cuando en la cruz, alzado es oroestas, cuando en la cruz,
alzado es oroestas, cuando en la cruz, alzado es oroestas, cuando en la cruz, alzado es oroestas,
junto a tu imagen huerto, ir aprendiendo que el dolor es solo la llave santa de tu santa puerta, ir aprendiendo
a que el dolor es solo la llave santa de tu santa puerta.
Hoy no es un día para muchas más palabras, el icono del viernesanto solo puede ser la cruz,
solo puede ser el cruzificado. Hoy puede que mi coloquio sea más de mirada que de conversación,
mirad el árbol de la cruz en el que estuvo clavada la salvación del mundo. Escucho los
sentimientos que me vienen, el pozo que dejan mi la oración de hoy, te miro Jesús y me dejo
mirar por ti, desde la cruz, desde las cruces de este mundo.

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