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Hoy es 21 de marzo, sábado de la cuarta semana de cuaresma.
Estas semanas crece el conflicto por tu causa, Jesús.
Hoy quiero acompañarte en silencio, estar atulado.
Quiero conectar mis emociones con las tuyas, mi corazón con tu corazón.
Me dispongo a coger tu palabra en la oración, porque quiero entenderte,
para que entendíéndote más, más te ame, y amándote te siga.
Que María, reina de la profundidad, se ama extra de la palabra y del silencio.
La mirar los pasos solos dar con seguridad.
Me mostraste camino, que conduce hacia el padre y en el confiar.
Depende de mí, esa es el total, y a mi padre abrazar.
Reina de mi santuario corazón, de la profundidad del padre, Dios,
tú me llevas a él, reina, donde emora el hijo de Dios,
de su casa madre habita la, me va a arremar.
Al reparar adentro, en la profundidad la tormenta llegó.
Señor perdí la fe, todo se undió y no estabas tú.
Me enseñaste a arremar de tu malotimo y al comunijo enfrentar.
Reina de mi santuario corazón, de la profundidad del padre, Dios,
tú me llevas a él, reina, donde emora el hijo de Dios,
de su casa madre habita la, me va a arremar.
Reina de mi santuario corazón, de la profundidad del padre, Dios,
tú me llevas a él, reina, donde emora el hijo de Dios,
de su casa madre habita la, me va a arremar.
La lectura de hoy es del Evangelio de Juan.
Algunos de entre la gente que habían oído los discursos de Jesús,
decían, este es de verdad el profeta.
Otros decían, este es el Mesías.
Pero otros decían, es que de Galilea va a venir el Mesías.
No dice la escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén,
el pueblo de David.
Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.
Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos acerdotes y fariseos
y estos les dijeron, ¿por qué no lo habéis traído?
Los guardias respondieron, jamás ha hablado nadie como ese hombre.
Los fariseos les replicaron.
También vosotros os habéis dejado en Baucar.
Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él.
Esa gente que no entiende de la ley, son unos malditos.
Nicodemo, el fariseo que en otro tiempo había ido a visitar a Jesús, les dijo.
¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero
y averiguar lo que ha hecho?
Ellos le replicaron.
También tú eres Galileo.
Estudia y verás que de Galilea nos salen profetas.
Y se volvieron cada uno a su casa.
Sus discursos dividían a quienes lo escuchaban.
En Jesús, chocaban teología y geografía.
Sus seguidores decían que él era el mesías, de quien hablaban las escrituras.
Los contrarios, que los profetas no podían tener origen humilde.
Pero lo cierto es que quien conoce a Jesús siempre queda transformado.
Cuando fue la última vez que me encontré con él, cara a cara.
Todos estaban divididos por lo que decía Jesús, y sin embargo, oye él no abre la boca.
Muchos hablan sobre Jesús sin haberlo escuchado nunca.
Los que no les escuchan son los que decidirán sobre su vida.
Pero a Jesús no se le puede juzgar por las apariencias.
Yo quiero pedir perdón por las veces que he hecho lo mismo.
No sólo con Jesús, sino con cualquier ser humano.
Como sucede tantas veces, muchos condenan por interés, juzgan sin escuchar.
Por eso Nicodemos se desespera, pidiendo que se conozca a Jesús, que se hable con él antes de despreciarlo.
Ahora resto por los que no conocen a Jesús, porque les desprecian la fe sin conocerla.
Puede ser alguien cercano, alguien querido.
¿Quién me gustaría que conociera Jesús?
La discordia en el Evangelio de hoy suena real.
Lo que sucede en torno a Jesús ocurre también hoy.
En conflicto donde hay intereses, donde la verdad se esconde y donde se juzga por lo superficial.
Vuelvas a escuchar el texto, dejándome tocar por la intensidad de este drama el medio de voces, discursiones y gritos.
Algunos de entre la gente que habían oído los discursos de Jesús, decían, este es de verdad el profeta.
Otros decían, este es el Mesías.
Pero otros decían, es que de Galilea va a venir el Mesías.
No dice la escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de David.
Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.
Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos acerdotes y fariseos, y estos les dijeron, ¿por qué no lo habéis traído?
Los guardias respondieron, jamás ha hablado nadie como ese hombre.
Los fariseos les replicaron, también vosotros os habéis dejado en Baucar.
¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él?
Esa gente que no entiende de la ley, son unos malditos.
Nicodemo, el fariseo que en otro tiempo había ido a visitar a Jesús, les dijo.
Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho.
Ellos les replicaron, también tú eres Galileo, estudia y verás que de Galilea nos salen profetas.
Y se volvieron cada uno a su casa.
María, tu vida enseña cómo se vive más en la fe y menos en la vanidad de las cosas.
Como tu hijo, tú acojes a todo ser humano en lo íntimo, en su dignidad.
Ayúdame a reconocer la presencia de Dios en todo ser humano.
Ayúdame siempre a reconocer a tu hijo.
Acompáñalos que buscan a Jesús escuchar su palabra, que transforma existencias, que renueva la vida.
Acompáñalos que buscan a Jesús escuchar su palabra, que transforma la vida.
Dios te salve María, llena aéres de gracia, el Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu viente Jesús.
Santa María, madre de Dios, ruega por Dios.
Dios te salve María, llena aéres de gracia, el Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu viente Jesús.
Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amen.

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